Empresa creció pese a pérdidas millonarias por aluvión

Autor por: admin

Jorge Canepa Fajardo nunca pensó, al abrir su local a fines de 2009, que en marzo de 2012, con el aluvión del río de las Minas, perdería prácticamente aquel inmueble de 120 metros. Allí también debió dar de baja a todos los insumos en bodega, que quedaron bajo medio metro de agua y lodo.

Se trata de “Rincón Ganadero”, local de venta de productos agropecuarios en calle Quillota Nº202.

Si bien existieron ayudas del gobierno para los afectados por el desborde, éstas fueron para casas y pequeños empresarios. En su caso de mediana empresa, dijo: “No recibimos ayuda de nadie. En realidad es un poco la definición de lo que es ser empresario. Es uno el que emprende y, al final, si pasa algo uno es el que responde, así que no tuvimos ayuda ni de la municipalidad, ni subsidio de parte del Estado, ni nada, así que tuvimos que hacer andar esto con recursos propios”.

Lo interesante de esta historia es que aquel percance lo llevó a trasladarse con todo a su sucursal de calle Errázuriz, donde tenían su bodega y era más reducido (80 metros cuadrados), mientras recuperaban y readecuaban sus dependencias afectadas. Para poder reabrir en Quillota, debió hacer de nuevo el local en seis meses, echando abajo el suelo, sacando las vigas y maderas de paredes y puertas mojadas.

Como buen empresario, ante el infortunio, Canepa vio una oportunidad, y “aprovechando el envión ampliamos nuestra sala de ventas para quedar prácticamente en 300 metros cuadrados, con más comodidades para el personal -que aumentó de 5 personas a 11- y una mejor exhibición de productos”.

Nuevo inicio

Su negocio partió luego de años comprando muchos insumos agropecuarios en el norte, lo cual le ayudó a percatarse que había una brecha de precios grande en lo que se vendía localmente, con un solo distribuidor y muy poca oferta de insumos para el sector ganadero.

Entonces abriría el local pensando en traspasar al sector agropecuario parte de las economías de comprar a precios del norte. Se mostró muy contento de lograrlo, ya que sus valores son bastante competitivos con los de la zona central, por lo que les ha ido bien. Son representantes de Stihl y de Emaresa, importan de Argentina, y también hay clientes del vecino país que los visitan por insumos ganaderos y también por el turismo (artesanía, mates, ropa típica, talabartería).

Hoy, espera reponerse y potenciarse a través del esfuerzo realizado. En productos perdieron 50 millones de pesos, aunque había seguros comprometidos. Sin embargo, las pérdidas reales son aún más cuantiosas, con todo lo que implicó reconstruir, aparte de lo que dejaron de vender.

Como lección del desborde, expresó que nunca realmente se dimensionó el problema en el sector bajo de la ciudad, y “uno si recorre todavía ve las calles en malas condiciones, no está limpio, mucha gente no tuvo los recursos para poder sacar todos los pisos y limpiar todo”.

ComparteShare on Facebook0Tweet about this on Twitter